domingo, agosto 09, 2009

Cambiemos del Sistema Imperante al Emergente

Creo muy valioso, equilibrado e instructivo el escrito de Ramón Tejada Holguín, “¿A qué se debe tanta diferencia en la percepción de la corrupción como uno de los principales problemas de la nación?

Creo que como todo es perfectible desde otros puntos de vista, en mi caso desde el punto de vista sistémico (concentrado en la electricidad) y en particular las de las percepciones de las diferencias entre el impacto a corto plazo y a largo de la realidad.

Desde el punto de vista sistémico, la crisis que enfrenta la población es el resultado de círculos viciosos que se refuerzan entre sí, así como importantes retrasos sistémicos que afectan los resultados. Por ejemplo, en la medida que aumenta la crisis económica, disminuye el poder adquisitivo, aumentan el costo de la vida, las quiebras de empresas, el desempleo y el incentivo a buscársela como sea para bajar el costo de la electricidad, haciendo que aumente la crisis económica.

Esos problemas que están íntimamente relacionados conforman parte del sistema que vivimos en la actualidad. Hace falta cambiar el sistema para apalancarlo y transformar esos círculos viciosos en círculos virtuosos que se refuercen entre sí. Eso se podrá lograr cerrando, por ejemplo, simultáneamente las brechas de educación, digital, eléctrica e institucional, que se corresponde con el orden emergente.

Los apagones han generado un mercado que llamo Sálvese Quien Pueda (SQP) de soluciones individuales y con ello han reestructurado el sector eléctrico. Esas soluciones, lamentablemente han desintegrado la demanda de electricidad para cumplir con la Ley General de Electricidad, sumando a nivel de nación una capacidad instalada costosísima en poder de los consumidores que no se aprovecha eficientemente.

Un cambio de esa ley para integrar la capacidad instalada más eficiente en poder de los consumidores puede y debe ser posible para poder coordinar ahorros importantes para toda la comunidad. En efecto el cambio principal es el de permitir la integración, con capital productivo de largo plazo, de esos recursos al sistema interconectado con inversiones en tecnologías de información y telecomunicaciones, durante un proceso suficientemente largo de transición de precios controlados por el monopolio por las distribuidoras a precios individualizados en un mercado bien diseñado para ser robusto y competitivo.

Esos apagones y las inversiones y gastos de operación y mantenimiento para enfrentar los apagones hacen que el poder adquisitivo de los consumidores se vea mermado. Así que el alto costo de la vida se ve fácilmente relacionado causalmente por los apagones. Igualmente, el impacto de los apagones en la competitividad de las empresas va ligado causalmente al bajo desempleo.

Un buen elemento es el tema de la institucionalidad que definitivamente va asociado al potencial de corrupción por la gran cantidad de dinero que se transa. La ley actual de electricidad le da el poder al regulador (la Superintendencia de Electricidad) a negociar a nombre de los consumidores regulados contratos a largo plazo con precios socializados bajo un ambiente de gran incertidumbre. La institucionalidad obliga a respetar esa situación que se cumple a medias. Con la nueva ley los consumidores pasarán a ser clientes que compran electricidad al mejor postor, convirtiéndose en su propio regulador y así poder lograr que la electricidad le agregue valor.

Importantes retrasos sistémicos ofrecen las inversiones en educación, que están íntimamente asociadas al desempleo. Todos sabemos que es muy importante educar, pero el corto plazo nos engaña. Realizar el cambio de la ley de electricidad está también en esa situación.

Un cambio de la ley de electricidad es un cambio importante en el sistema. Así que un diseño de encuesta para tratar de conocer la interrelación entre los problemas que afectan la nación puede que ayude a comprender mucho mejor la realidad imperante.


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