viernes, diciembre 21, 2012

El CRI, el plan integral y la ley de electricidad


LIDERAZGO SISTÉMICO 

El CRI, el plan integral y la ley de electricidad

El CRI, el plan integral y la ley de electricidad

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Artículos

JOSÉ ANTONIO VANDERHORST-SILVERIO

Consultor Sistémico

Sobre mí

Diseñador del Modelo Marco de la Electricidad Con Valor Agregado. Miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro Vitalicio Senior del IEEE
Mucho se ha escrito sobre el Índice de Recuperación de Efectivo (CRI, por sus siglas en ingles), sobre el plan integral del sector eléctrico y sobre la normativa vigente de la Ley General de Electricidad. En esta reflexión verán como esos conceptos engañan a la población. También verán que para acabar con ese engaño se necesita un verdadero plan integral y una nueva normativa que cambien el enfoque del largo al corto plazo.
Para definir un plan integral, es necesario saber cuáles son los límites de tal plan. Desde un punto de vista mecánico estático, estamos acostumbrados a escuchar sobre la generación, la transmisión y la distribución. En realidad la distribución incluye también la comercialización minorista.
Sin embargo, desde un punto de vista sistémico dinámico, otros elementos no menos importantes salen a relucir como parte integral del sector eléctrico ampliando sus límites. Es así como la toma decisiones introducen, por ejemplo, el CRI y la reducción arbitraria del precio mayorista, que sirven para comprobar que el desarrollo del sector está lejos de seguir un plan integral.
En efecto, el CRI transparenta la desintegración que subyace en la normativa, asegurando que se privaticen las ganancias a los generadores y los clientes no regulados,  y se socialicen las pérdidas de las distribuidoras y los clientes regulados. En lugar del CRI, que opera sobre el promedio de los consumidores en un circuito, afectando igualmente a justos y pecadores, se debe implantar a un instrumento que funcione a título individual.
Ese instrumento de corto plazo, delineado en el artículo Desconectemos el Presupuesto del Sector Eléctrico, pone en evidencia que gran parte del subsidio del sector lo reciben los clientes no regulados y algunos generadores. Orientada al largo plazo, la normativa vigente impide la posibilidad de un plan integral en tiempos de alta incertidumbre.
Es así como el literal c del artículo 14, le atribuye a la Comisión Nacional de Energía velar el largo plazo “para que se apliquen programas óptimos de instalaciones eléctricas, que minimicen los costos de inversión, operación, mantenimiento y desabastecimiento,” lo cual es actualmente imposible. Además, el grueso de la normativa desintegra el sector, ya que al privatizar las ganancias en el mercado mayorista y socializar las pérdidas, pasa la mayor parte de los riesgos al mercado minorista.
El tercer considerando de la LGE, que dice “Que a partir de la década del 70, diversos factores combinados determinaron una profunda y sostenida crisis en el suministro de electricidad debido a elevados incrementos en los precios del petróleo y derivados (principal fuente energética del país, insuficiente capacidad de generación instalada y excesivas pérdidas en los sistemas de transmisión y distribución,” se debe a la realidad de que la garantía de la energía barata desapareció.
Pero contrario a esa realidad, el quinto considerando afirma “Que el crecimiento sostenido de la demanda de electricidad, base del desarrollo económico, requiere de proyectos permanentes de expansión de la generación y de las redes de transmisión a corto y largo plazo para evitar, con la debida oportunidad, previsibles déficits futuros.“ De hecho, con los grandes errores en los cálculos del subsidio semestral, está más que comprobado que los déficits a largo plazo no son previsibles. La esperanza puesta en la competencia de generación a largo plazo es una pura ilusión.
Es necesario y urgente un plan integral y una LGE que introduzcan la competencia en el corto plazo al tiempo que evite dichos subsidios. Es en ese sentido cobra plena vigencia la Energía con impuestos: pensamiento que indignados no esperan, pero adorarán.